El danzón queer: ritmo de resistencia e inclusión
Las plazas donde se practica el género cubano han sido testigos de la diversidad que hay, unos se niegan a reconocerla y otros la apaluden.
Pluma invitada: Itzmitzin Tlaltecuhtli Ruiz Lozada, instructora del grupo Diversidad Danzonera.
Como instructora trans del danzón me he topado con comportamientos que nadie de la comunidad LGBTIQ+ se espera (términos despectivos), provocando en mi un desinterés en el danzón por el miedo al “qué dirán” si me ven bailando con otra persona del mismo género, llegando a pensar si en verdad estoy dañando a la cultura con sólo tener el gusto o interés por querer hacerlo, pero luego de analizar sobre el baile, nos ayuda a conocer a nuestra pareja de baile, nos ayuda a conectar con uno mismo, logrando encontrar una forma diferente de expresar ideas y sentimientos de una manera artística y sana.
Sin embargo, no es admitido por bailarines del danzón por el simple hecho de decir “están asesinando al danzón“, como si ese fuera el objetivo. No sólo nos encontramos con las personas con la perspectiva del danzón diverso como algo maligno, sino que suelen haber personas que reconocen y respetan esta práctica.
Para ser más específicos, en la ciudad de Puebla, todos los domingos suele haber actividad danzonera en diferentes puntos, por ejemplo, en la plaza de San Francisco, el parque del Carmen y el barrio de Análco existen bailarines que muestran interés por el tema, más los instructores de estos mismos lugares que quieren saber cómo abordar el tema, si hacerlo o no, cómo lo pueden emplear, mientras que otros incluso se han aventurado a romper los estereotipos haciendo un intercambio de roles al momento de bailar, mujeres llevando el papel del dirigente (el que guía) y hombres practicando con el rol de dirigido (el guiado).
En la Ciudad de México surge el grupo de danzón llamado Danzón Queer, bajo la dirección de Mauricio Castillo. El instructor ha sido victima de los ojos que critican cualquier cosa y persona que esté fuera de la norma.
Mauricio Castillo se ha dado a conocer por ser participe como organizador de eventos, específicamente de danzón; con 6 años de experiencia ha sido precursor del danzón queer en el país, logrando construir un lugar seguro para la comunidad LGBTIQ+.
En una encuesta que se aplicó con él, he tenido la oportunidad de conocerle un poco más, fue victima de la homofobia de los salones de baile al ser expulsado de un salón luego de que se le viera bailar con otro hombre. Cuerpos de seguridad no se quedaron atrás para poder sacarlo en caso de que fuera a mayores.
En su grupo ha fomentado la liberta de bailar con quien sea, siempre y cuando prevalezca el respeto mutuo, sin importar lugar de origen, ni orientación sexual ni identidades de género.
Pasa lo mismo con el grupo de danzón que se encuentra en el Complejo Museístico ´La Constancia Mexicana´, grupo llamado Diversidad Danzonera que está bajo mi propia dirección y donde suele ser un lugar seguro para quienes quieran aprender del danzón. En este grupo se cuenta con la presencia de personas de la comunidad y que comienzan a darse la oportunidad de bailar en escenarios como el teatro de la ciudad siendo ellos mismos.
El grupo surge como un proyecto universitario comunitario con una duración de 2 meses, pero que a petición de mis compañeros de danzón se logra extender a más tiempo.
El grupo en el que estaba, no me quisieron esperar porque yo ya había formado un grupo de danzón cuando sólo fue un proyecto de meses, opté por extenderlo aún más, en ese entonces, taller de Danzón para Principiantes.
No fue hasta el verano de 2025 cuando imparto por última vez el taller de danzón y gracias a los participantes del mismo taller que sugieren buscar algún parque o plaza para el grupo.
Al ver el enorme interés que tuvieron los participantes por hacer del grupo de danzón perdurase para más tiempo, opté por actuar de inmediato y fue así como llegamos al complejo.
Por recomendanción de un amigo, igual de la comunidad LGBT, y que le gusta el danzón es como surge el nombre del grupo Diversidad Danzonera.
Desde entonces se le da la oportunidad personas de la comunidad a ser participes del grupo de danzón que apenas se había creado para poder hacer del danzón, nuestro hogar.
Hoy en día somos 48 personas que conformamos el grupo y de los cuales 10 son de la comunidad, rindiendo homenaje al nombre del grupo y a nuestro refrán: Grupo de danzón donde puedes ser tú.
Esto demuestra que no hay nada malo con querer practicar el danzón con una persona de tu mismo sexo, nos hace ver que podemos experimentar nuevas formas de sentir el baile y hacerlo nuestro.
En una reciente entrevista que se realizó con una instructora de danzón de Nuevo León e integrante de la ´Danzonera Digital´ mejor conocida como Maru Ayala, llegué a realizar la pregunta sobre si ha recibido críticas por parte de otros bailarines de danzón y su respuesta fue:
- Ha habido personas que cuchichean a mis espaldas (desconozco lo que dicen) y hacen muecas en señal de desaprobación. Hay gente que menciona que bailó con mujeres porque estoy “sola”, como apelando al escarnio social para forzar que vuelva a bailar solo con hombres. Otros me dicen que promuevo el lesbianismo. Otros han dicho que asesino el danzón bailando con otras mujeres. Que me veo mal bailando de pantalón y con mujeres. Otros cuestionan que tengo “otras intenciones” cuando bailo con personas de mi mismo sexo.
Si lo analizamos, podemos notar que está presente la intolerancia hacia las nuevas formas de baile y el escarmiento entre bailarines (cabe resaltar que Maru Ayala se destaca por haber participado en múltiples eventos nacionales donde su influencia suele ser notoria en cuanto es mencionada) aún teniendo conocimiento de la experiencia que tengan entre sí.
Aunque no lo parezca, ante la desinformación suele escalar a escenarios trágicos, de tal modo que se presentan afectaciones físicas y psicológicas. En la siguiente pregunta que se le realizó a la instructora de danzón si ha escalado más allá de palabras denigrantes hacia su persona o hacia los integrantes de su grupo de danzón, la respuesta fue la siguiente:
- Una vez subieron un post en un grupo de danzoneros diciendo que yo había muerto. Era una esquela y decía. “Lamentable noticia para el mundo del danzon, Maru Ayala continúa viva”. En otra ocasión golpearon “sin querer” a una de mis alumnas en la pista de baile y no se disculparon. He sabido que hay personas que agreden directamente de manera verbal a quienes bailan con personas de su mismo sexo.
Cuando la ignorancia está en otro nivel insuperable, suelen pasar esto (no se justifica). Como bien sabemos, la comunidad LGBTIQ+ ha sido perseguida históricamente por grupos inconscientes y apáticos que rechazan la diversidad por “miedo” a que se presente en sus familias y también que les haga cambiar respecto a su atracción sexual.
Si nos damos cuenta de la danza, pasamos a temas de odio cuando debería de ser un lugar seguro para todas, todos y todes (sí, todes) pero que luego se termina convirtiendo en algo peor por la homofobia de la gente, en especial de los adultos que transmiten ese conocimiento erroneo de la gente diversa, provocando que los menores repitan la misma cadena que debemos romper como sociedad.
En el país ya tenemos mayor presencia de la diversidad en diferentes grupos de danzón, como en el caso de Grupo de Danzón Juvenil Esencia Zacateca , Diversidad Danzonera, Grupo de Danzón Queer, entre otros.
Retomando la entrevista con Maru Ayala, al escuchar su respuesta se accedió a realizar la siguiente pregunta: ¿Qué crees que haga falta en el gremio del danzón para que no sea mal visto bailar con personas del mismo género, reconociendo que la mayoría de los bailarines pertenecen a una generación completamente diferente? A lo que ella responde:
- Creo que estamos en un proceso de aceptación y que el que varios danzoneros nos expresemos sin censura respecto a esta problemática ayuda a que el gremio entienda que la diversidad es justa y necesaria. También creo que los organizadores de eventos pudieran incluir en sus dinámicas y actividades alguna leyenda en la que se establezca claramente que sus espacios son seguros para todos y todas. Lamentablemente hasta los organizadores están temerosos de tomar acciones concretas y nos corresponde a nosotros hacer la labor de expresarnos libremente de manera inteligente y amable para generar el cambio.
En cuanto a mi experiencia, he sido testigo de que las generaciones no influyen del todo. Durante mi transición, antes de reconocerme como mujer, varias personas me conocieron por portar guayaberas, pantalones y zapatos negros de gala, todos me trataron con respeto, cuando regreso a las plazas para bailar pero cambiando las guayaberas y pantalones por los vestidos, zapatos por zapatillas, fui acogida sin ningún problema, pasamos de palabras como “caballero, niño” a “niña, dama”. Ahora veo que no todos piensan de esa manera, denigrar a los demás por ser diferentes a la norma inculcada, sino que es necesario saber ante los cambios de los cuales somos testigos.
Finalicé la entrevista realizando la siguiente pregunta: ¿Qué le dirías a las próximas generaciones del danzón que se temen por «el qué dirán»? Esta fue su respuesta:
- Creo que la gente es libre de decir lo que piense, de la misma manera yo soy libre de bailar como me apetezca y todos en santa paz. Que hay que respetar a la gente y lo que piensen, pero también hay que respetarnos a nosotros mismos, así que si no estamos haciéndole daño a nadie, hay que procurarnos el gozo y disfrutar la vida al máximo.
El danzón surge desde el año de 1879 con el danzón Las Alturas de Simpson, desde entonces ha pasado por diferentes cambios, por ejemplo, cuando viene a México a finales del siglo XIX y se le hacen ajustes, logrando darle reglas al mismo hasta los ochentas, cuando se realizan las primeras coreografías en el país, los bailes donde participan cuatro dirigidos y un dirigente, estilos diversos traídos desde Estados Unidos como el estilo de los Pachucos y ahora el baile entre personas del mismo género.
Nos podemos dar cuenta desde la historia del danzón que ha cruzado por diferentes etapas de evolución y tenemos que reconocer que el danzón, como todas las cosas, tiene que evolucionar, no tenemos que alejarlos de lo inevitable y aceptemos los cambios que vengan para hacer, no sólo de danzón, sino del baile en general un lugar seguro para la ciudadanía.